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Alborada II Parte

Nov
30

Sigo caminando hasta un campito de fut, no se distingue nada a lo lejos, pero al acercarnos se nota la gente alrededor de algo.

-Ala gran! Este año si se pelaron por el aniversario- Oigo decir a Ana

No entiendo a que se refiere, trato de distinguir que es hasta que distingo la montaña de serpientes rojas a la distancia.

Ametralladoras.

Unos tres metros de ellas se hayan apiladas amenazadoramente ante mi vista.

Veo volcancitos, luces de bengala, cachinflines, de todo… como que no les alcanzó para la bomba atómica.

Hay jóvenes enrollando morteros en esa pirámide mortal, otros haciendo bolas de papel periódico, unos cuantos echando chorros de gasolina… andan de humor suicida los pizados.

Tomamos lugar en un punto neutro, lo suficientemente cerca para ver todo el acto pero a una buena distancia para que una mierda de esas me estalle en la cara.

-bueno vos, ahora a esperar- dice Ana

- puta vos que frio! – digo yo

- En una media hora vas a decir que tenés calor, aguantáte un cachito más

- de veras! Que se apuren entonces…

Nos quedamos calladas mientras un viento frio sopla a nuestro alrededor, veo entre las sombras a más gente buscando un puesto, callados salvo por dos o tres palabras.

Se llena el campo de fut, veo gente apretujada en las paredes, en los balcones, todos rodeando al monstruo que esperamos que aparezca.

Dirijo mi mirada hacia el cielo, dos o tres estrellas permanecen, testigos de lo que pasará. El frio me cala los huesos pero no me atrevo a decir nada, el momento no debe ser interrumpido, el viento suspira ruidosamente entre la multitud, como sintiendo la anticipación.

Mis pensamientos son interrumpidos por el sonido agudo de la corneta, proviene de uno de los balcones, un muchacho que parece que está vaciando sus pulmones en el minúsculo instrumento.

El espectáculo comienza.

Una bola de fuego cae desde el balcón,  cayendo en la punta de la pirámide y dándole vida a este demonio.

Unos pocos cuetes comienzan a reventar, todos sabemos bien que es lo que se avecina.

Un idiota y su amigo pedazo de bestia comienzan a aventarle cachinflines a la pirámide “para que se avive”, todos tenemos ganas de verguearlos pero nadie lo dice.

Y en un parpadeo, los cuetes, las luces, las chispas y el fuego comienzan a arder, ese fuego…

Se oye una bomba, y en ese instante el monstruo se alza unos diez metros de alto, no puedo oír nada, no puedo respirar, el calor es sofocante pero la potencia de ese fuego me clava al suelo.

Veo gente que se aleja, gente que se acerca, gente que graba, bebés llorando, adultos gritando por que les cayó más de algo en la ropa.

Miro la fogata, la luz me ciega, mi vista se dirige ante las paredes en donde las llamas proyectan las sombras de los presentes, como fantasmas que quieren ver el espectáculo.

Veo las llamas que se extienden, el fuego me abraza, me hipnotiza con esos colores majestuosos, veo hacia el cielo y entre las llamas estallan luces azules, verdes, rojas y blancas, tan cerca que siento que puedo atraparlas en la punta de mis dedos.

Mi mente navega, el frio, el hambre, el sueño se olvida, solo existe ese momento.

Alguien me pasa tirando al piso, cuando me levanto para darle su respectiva sacada de madre, veo que el fuego se disminuye, pero alrededor de las llamas danzan jóvenes con toritos puestos.

Como hijos del demonio de las llamas, ellos brillan, suenan, estallan e hipnotizan a la multitud, uno pasa peligrosamente cerca de mí, siento que puedo tocar esas luces con mis manos.

Se bajan las ametralladoras pero se distingue música, mariachis para los que celebran, unos cantan, pero solo se ve la tétrica mueca en sus caras, no se oyen sus voces.

El humo empieza a cubrirnos a todos, se siente un calor sofocante y no se puede ver ni a un metro de distancia.

Se presenta el miedo.

Y si no se quita? Y si sigue oscuro y no voy a ver? Y si siguen las llamas?

Me empieza a atacar el pánico, siento todavía el calor de este demonio, no me quiero mover, algo malo va a pasar.

Se oyen susurros, no sé si soy yo la que habla o alguien más, estoy sola entre esa multitud que habla pero no se ve.

Dejan de sonar los cuetes y la música se detiene. Estamos sumidos en el miedo.

De repente, como si hubiera sido un deseo, el humo se aleja por completo, presentándonos un amanecer salido de los sueños.

No se oye nada más, todos contemplan el cielo.

-Vos, hoy si se tardó no?

Me sacan del trance, veo a Ana, no había distinguido su ropa, ni su rostro antes, en la oscuridad.

-si vos – respondo-  hoy si estuvo buena.

Dirijo mi vista hacia el centro del campo de fut, las cenizas, como prueba fiel de que el demonio fue real, que no fue solo mi mente, que habrá que esperar un año más para revivirlo de nuevo.

Alborada

Nov
28

PRIMERA PARTE:

Estoy sentada en medio de una playa, el sol deliciosamente roza mi piel, tomo un sorbo de piña colada, veo el mar y me relajo, esto es vida… El cielo, tan azul y tan perfecto; siento como si Dios me hablara…

-¡¡LEVANTESE!!-

Un ruido parecido a golpes irrumpe mi mente… ¿Eso fue el cielo? Se estremece todo a mi alrededor, se oscurece la playa, se va todo, se va…

Despierto de un solo golpe, se oye movimiento y gritos a mi alrededor.

Ala mierda, que hora es?

Sietiendo la cara de plomo, apenas abro los ojos y medio le atino al reloj… 1/3/2005 – 2:30 AM dice la maldita pantallita verde.

Ala puta, con que razón.

-EEEEVAAAAA!!!!! Levantáte por la gran diabla! Ya nos vamos a ir y vos ni vestida estás!

NI bañada estoy, no me chinguen, a esta hora esperan que salga con cara de muñeca?

-Ya te despertaste?! Te dejé tu vestido en la mesa de noche, apurate!

Vestido? Su madre.

Agradezcan que no voy a salir con el poncho engrapado a la piel.

Me pongo un pantalón y mil suéteres, salgo a la sala. Un gentío en la sala, como que estuvieron de a 4 en los sillones, todos me ven.

Mi madre reconoce mi presencia y dice:

-Eva, te zampás ese vestido, no solo lo caro que me salió!

Veo a toda la gente riéndose y murmurar

-Esa patoja que ni bonita se puede vestir por un día

Todos se ganan una mirada que grita, cerotes.

-Ponételo!

A la gran diabla, cuando me esté muriendo de pulmonía, con mi último aliento les voy a sacar la madre diciéndoles que es su culpa.

Me meto el vestido, tacones, maquillaje… colores más cerotes. Celeste claro, parezco pastel de baby shower.

-Ya es tardísimo!! Vámonos!- oigo decir.

Veo mi reloj, 2:45. Vaya… mega tarde.

-Métanse al carro, ya voy yo!

En un relajo de cabezas, bolsas, suéteres y una asquerosa mezcla de perfumes, voy metida en el carro; una sardina enlatada se siente libre comparándose conmigo.

Y allí va el carrito, todos platicando de chismes y cosas sin sentido, veo a la ventana, los carros pasan… iremos todos al mismo lugar, cuál será la historia de cada carro que pasa a nuestro lado?

Llegamos al famoso lugar, y hace un frio de mil demonios.

Comenzamos a caminar, todos disponiéndonos al campito, los veo avanzar y alejarse….

Me quedo sola, de nuevo.

Bueno, hay que acostumbrarse, otro día que vamos a ser mi cabeza y yo.

-Eva! No pensé que fueras madrugadora- oigo una voz conocida

-Acá me tienen, más dormida que despierta, y vos Ana?

-Acá que me metieron en un vestido horrible y yo muerta de frío; de paso… no sabés a qué hora es que comienza la alborada?

- A las 4, pero vos sabés que se llena, hay que estar temprano.

-vamos, porque yo no quiero quedarme atrás de otro viejo pizado igual que el año pasado.

Una risa sale de mí, talvez este día no va a ser tan malo.

(continúa)