Contra Ataque
Sep21
“Huecos, degradados y huevones”
Si pudiéramos mimetizarnos en los “otros”, dejaríamos de vivir tan llenos de prejucios.
Por: Marcela Gereda
Una y otra vez devolví mi vista al encabezado de este matutino el pasado viernes para asegurarme del año de publicación del artículo titulado “La moda gay”. Debido al pensamiento conservador de un arcaísmo indecible pude haber jurado estar en otra época. Acaso el Medievo. Quizá la Inglaterra victoriana. Tanto así, que varias veces tuve que asegurarme que efectivamente era un artículo de la gloriosa era de la globalización, del año de Obama. El mismo de la crisis financiera. El memorable, inigualable 2009.
Debiera darnos en qué pensar el criterio arcaico con el que nos relacionamos y desde el que pensamos y ordenamos el mundo. Creo que Matusalén era más moderno y progresista. ¿En qué mundo cabe llamar a los gais hoy en día pervertidos y degradados, en qué razonamiento se puede llegar a creer que Dios nos castigará por “promover el tercer sexo”?
¿Libertad o degradación? Se pregunta el columnista en cuestión. La libertad no radica en hacer el amor por el ano o por la vagina. La libertad es entre otras cosas, amar y ser amado por quien uno quiere amar y ser amado. Pero esto en una sociedad tan conservadora como la nuestra genera estigmas.
Un estigma es un proceso social de exclusión, resulta de un juicio social adverso, sobre una persona o un grupo. ¿Por qué los guatemaltecos no logramos salir de los nocivos estigmas?
“Depravado”, “sucios”, “mañoso”, “partida de resentidos”, “indios huevones”. Se nos olvida que este país se ha forjado con el trabajo (forzado o mal pagado) de la población indígena estigmatizada de huevona.
¿Por qué nos relacionamos desde los estigmas y no desde las esencias? Dice en una carta a lector Óscar Valero Perdomo Pujol, que los indios trabajan sólo cinco días en un año y luego dice: “Pero se oponen a la construcción de hidroeléctricas y a las minas donde tendrían que trabajar todos los días del año”.
Debemos ir un kilómetro en los zapatos de “otros” para poder decir algo sobre esos “otros”.
Perdomo, haga una sola jornada campesina y nos cuenta cómo le va bajo el sol y maniobrando el machete.
Conocí a un homosexual a quien su padre lo llevó al hospital para curarle su “enfermedad”. Si el mundo ha abierto las fronteras de economía de nuevos patrones culturales, ¿por qué no nos abrimos a ensanchar el mundo desde lo que a otros hace feliz?
En otra carta a lector dice Gabriel García: “Quienes tememos y respetamos a Dios sabemos que no existe el tercer sexo”. No existe tal cosa como el tercer sexo. Existen las preferencias sexuales. Pero sucede que la religión nos condiciona a pensarnos desde la culpa y desde el temor a ser castigados por un Dios que detesta a los “degradados gais”.
Recomiendo que todos nos pongamos en la piel de los “otros”. Del “indio huevón”, del “hueco degradado” o de la “lesbiana perversa”. Si pudiéramos mimetizarnos en los “otros”, dejaríamos de vivir tan llenos de prejuicios, tan habitados por estigmas. Sabríamos que aquellos que aman a otros de su propio sexo, no están enfermos. Tampoco sus impulsos son anormales, marginales o perversos. Son. Sin categoría y etiqueta. Simplemente son.
La identidad es como un espejo y cuando el espejo está sucio y no podemos reconocernos a nosotros mismos en los ojos de “el otro” es cuando construimos los mitos de qué y quién es ese “otro”. En lugar de hacer un ejercicio de saber quiénes somos, buscamos que los demás quepan en la categoría que les hemos asignado injustamente. Pero, ¿acaso no es la dignidad una inmanencia que no tiene rostro específico?
El hecho de que dos seres humanos se amen (independientemente de su sexo) es prodigioso; siempre preferible a que dos seres humanos (independientemente de su sexo) se maten. Considero imprescindible que para hacer nuestra sociedad más humana, debemos todos luchar por el reconocimiento del derecho de cualquiera a querer y ser querido, cada cual según su orientación o naturaleza. Luchar contra los perjuicios que excluyen a la gente por el color de la piel, o la orientación sexual, y por una sociedad de personas con derecho a desarrollar su afectividad. ¿Por qué no dejar que todos vivamos la vida que nos hace resplandecer?
Le agradezco de sobremanera la forma en la que ayuda a eliminar lentamente la barrera de odio que es tán fácil de poner y tan imposible de quitar.
Siendo una mujer lesbiana, no me considero perversa, mala y mucho menos en afanes de reclutar personas, lo unico que busco es ser amada, eso es lo que buscamos todos no?
Porqué eso debe volverse en una forma de ataque? de odio? de amenaza?
Porqué a las personas las matan a la luz del día frente a todos y a nosotros nos toca escondernos para poder ser felices?
No lo digo desde un punto de vista físico, sexual… porque lo que cada uno haga en su intimidad es muy su problema, me refiero a algo más simple, mas puro… el amor.
De nuevo, gracias.